26
En el momento en que
te estás muriendo de pena, de pronto sin que sepas razón alguna, ni causa o
motivo que te interese, te llaman por teléfono y no tienes idea de quién es, ni
para que te llaman, no estás pensando en nada más que en tu pena, que es tuya y
de nadie más, solamente sientes que está matando, porque las penas son para
eso: para morirse pena, y contestas sin gana ninguna el teléfono y te da
una enorme alegría, que te llena la cara de una interesante felicidad, pero la
pena es más fuerte, y le dices que si eso se hubiera sabido antes de que
surgiera esa pena tan horrible, la habrías compartido y la alegría sería tan
enorme, pero ya parece tarde, demasiado tarde y la pena que no tiene como, ni
cuando irse, pasa a segundo plano, es que ya otra cosa que te están comunicando
es lo va dominando tu ser sin comprenderlo.
