lunes, 8 de julio de 2013



26

En el momento en que te estás muriendo de pena, de pronto sin que sepas razón alguna, ni causa o motivo que te interese, te llaman por teléfono y no tienes idea de quién es, ni para que te llaman, no estás pensando en nada más que en tu pena, que es tuya y de nadie más, solamente sientes que está matando, porque las penas son para eso: para morirse pena, y contestas sin gana ninguna el teléfono y te da una enorme alegría, que te llena la cara de una interesante felicidad, pero la pena es más fuerte, y le dices que si eso se hubiera sabido antes de que surgiera esa pena tan horrible, la habrías compartido y la alegría sería tan enorme, pero ya parece tarde, demasiado tarde y la pena que no tiene como, ni cuando irse, pasa a segundo plano, es que ya otra cosa que te están comunicando es lo va dominando tu ser sin comprenderlo.