lunes, 8 de julio de 2013


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Espejito, espejito, puede alguien ser más linda que Louise Brooks, casi noventa años después de haberse tomado esta foto. Cada foto suya la muestra más linda, persistirá siempre en ser irremediablemente bella entre las más preciosas. Es un rostro que perdura por su encanto universal, es Pandora, es una chica perdida, una bailarina que puede ser reina, en su rol de estrella del cine mudo, en Hollywood o en Europa, tiene el rostro insuperable y es increíble, su fama terminó porque se terminó y de allí como si fuera un suspiro que nadie escucha es el olvido y solamente le quedó vivir trabajando de nada que llamará la atención y entre ello de vendedora de una tienda por almacenes en New York, para subsistir y queda su autobiografía, sus películas y sus fotos, que la rescatan del olvido perpetuo, en el que se creyó que había llegado cuando vivió el ocaso de una de las diosas del cine mudo, nadie la recuerda, nadie sabe quien es y a nadie le importa que fue de su vida, en el momento preciso en que se le apagaron los reflectores. A cambio de ello, mientras se ame a las mujeres preciosas, le pertenece a Louise Brooks la eternidad.